La designación de Barcelona en el año
1986 como sede de los Juegos Olímpicos del 1992 fue el origen de una de
las etapas históricas de mayores transformaciones urbanísticas de la ciudad;
entre ellas la construcción de una Villa Olímpica para alojar a los atletas. El
lugar escogido fue una zona del barrio del Poblenou, hacia la zona de mar: El
barrio de Icària. Entre 1987 y 1988 un equipo de historiadores y arquitectos
dirigidos respectivamente por el Dr. Manel Arranz y Xavier Güell y con el
soporte del Museo de Historia de la
Ciudad, la
Sección de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona y VOSA, va
a realizar –a menudo perseguidos por las excavadoras- un estudio detallado de
todas y cada una de las estructuras de la zona. Esta amplia investigación
(187 edificios y conjuntos fabriles) ha permitido crear un voluminoso fondo
documental de aquel barrio hoy día desaparecido. Sólo la chimenea de las Fábricas
Folch queda en pie como recuerdo del importante y valioso pasado fabril de la
zona.