La evolución histórica de una ciudad se
fundamenta, en parte, en los procesos de transformación de sus casas. El casco
antiguo de Barcelona es, en este sentido, un ejemplo paradigmático. El año
2008, el estudio histórico-arquitectónico de la finca de la calle Boqueria puso
al descubierto sus orígenes barrocos, al tiempo que permitió documentar sus
modificaciones frutos del paso del tiempo. Así mismo la investigación en
archivos han sacado a la luz la autoria de las reformas modernistas del edificio,
que hoy sabemos que son obra del joven arquitecto J. Puig i Cadafach.